15 de diciembre de 2009

Las ventanas amarillas del tren de la tarde



Así, en la apresurada vida que decidí tener este año, encontré mi común espacio nostálgico. El tren, las nubes amarillas, y la ventana queriendo ser un espejo, y yo trasluciéndome en él. Nostálgico hasta más no poder. Quien no me conoce, es preciso que sepa mi historia extraña con los trenes y la sensación que me provocan (ya vendrá en otro post).

Claramente la escena no tiene felicidad. Y es que claramente ahora me cuesta sonreír. La nostalgia, que me genera fortaleza (a veces falsa) en mi camino solitario se hace fuerte y no es justamente porque así yo lo quiera.

Claramente la escena se hace presente en mi vida como un paréntesis entre la velocidad del tiempo que me presiona a llegar temprano a mi próxima distracción que me evite los paréntesis. Y es que disfruto esas distracciones, como si no lo fueran. No sé si disfruto esos paréntesis.

Claramente la escena es ella misma por otras personas aparte de mi. La gente no me lastima, las personas sí. ¿Estoy lastimado? Sí. ¿Soy un maricón? Si usted lo quiere ver así...

Pero dentro del paréntesis tenue amarillo y con la sensación en mis pies del camino del tren, hay algo: "Me duele, esto me duele".

3 comentarios:

  1. Heyyy Santii, q chiva escribe! Me gustó mucho este post! Un abrazo, pura vida! :)

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  2. Creo que todos ncesitamos esos parentesis todos los tenemos, son como una cortina que nos nubla la visibilidad de la realidad x un momento, pero sin ellos estariamos locos o tal vez ellos nos vuelven locos, si no los tenemos vemos muchas cosas que no nos gustan pero si nos ocupamos en tantas cosas no nos preocupamos por lo intangible por nuestras percepciones que son las que inconcientemente muchas veces conducen nuestros actos... jeje creo q una vez màs he quedado sin conclusiones pero al menos con reflexiones. Saludos Santi, Cynthia

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