8 de enero de 2012

Obituario


Sin un bachillerato o licenciatura, sin doctorados ni viajes al extranjero, incluso sin haber llegado a la escuela primaria, Raúl con seis años de edad, partió de este mundo sin una sonrisa en su cara que hubiese sido provocada por ver aquel avión.

En su último día planeó ir al aeropuerto y pasaría un día a caballo, comiendo un buen granizado, mejengueando y viendo cómo los pájaros de hierro se elevaban o aterrizaban, mientras los otros niños como Raúl saludaban desde lejos.

El bus de Heredia a Alajuela no llegó a su destino, algunos pasajeros lograron llegar después del percance, sin embargo, la impertinencia del papá de Raúl evitó que el niño viera por última vez su avión preferido: el MD-11 de KLM.

El papá exasperado por el accidente del bus en pleno puente de Río Segundo rompió la ventana de seguridad para salir, justo en el momento en que el chofer pedía tranquilidad a los usuarios. La falta de calma, provocó que papá e hijo fueran atropellados por la ambulancia que corría a salvo de otro accidente lejos del puente.

Raúl será recordado por su tranquilidad, por sus aviones de juguete, su ligera afición a la música y por su inconclusa sonrisa.