Volví a soñar con ella.
Estábamos en una casa. Con otras personas. No era una fiesta, pero tampoco vivíamos todos ahí. Mas como una reunión. Con amigos viejos. Todo era blanco y negro, tal vez con un poco de color, una pincelada de saturación apenas.
Eran como las 4:45pm. Me contó sus planes para la noche. Debía comprar regalos. Y una entrada para ver Grease en un cine pequeño por la UCR.
Como es usual, antes de montarnos al carro, dejé todo botado por toda la casa. El realismo mágico apareció, y una aplicación del teléfono de ella, pudo buscar mi abrigo, las llaves y mi billetera. Como si tuvieran un chip con GPS. Los sueños a veces pueden ser perfectos. Es culpa de ella. Me distraigo más cuando estoy alrededor de ella, en los sueños.
Los cortes de edición en un sueño a veces son muy efectivos. Ya estábamos en el cine comprando la entrada. Esperamos la tanda. Ella buscó una silla para sentarnos juntos. Nos acercamos. Probé el realismo mágico de sus labios.
Llegó un amigo. Luego mi papá. Todos entramos a la sala. Era bastante pequeña. Mientras vemos la peli, mi tata a un lado mío, me dice que va a morir al día siguiente, porque se le acabaron sus pastillas.
Y a mí se me acabó el sueño. Uno que casi fue perfecto.
30 de diciembre de 2013
28 de diciembre de 2013
Sueños invisibles
Simplemente vuelvo, con la esperanza de ser invisible. Y de contar mis 7 u 8 horas imposibles de compartir sin ser un psíquico, interpretadas por mí mismo a la mañana siguiente.
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Tres chicas.
Tres tiempos.
Tres colores. Negro, Rojo y Café.
10pm. Todos, en una fiesta. Intentando llegar a la felicidad.
Yo y el color negro. Tratando de conocerla. Besándola.
La chica de color café. Ella está tomando Vodka con Sprite. Mi bebida de fiesta favorita. Mi placer culpable y hasta moralmente ilegal.
Un imbécil con otro vaso, pero este de cerveza oscura. Está intimidando y haciendo más pequeña a la chica de color rojo. Ella se va en unos días a la playa. No sabe que hace en esa fiesta.
12am. La chica de color café se fue. Tenía un viaje en avión al día siguiente y no quería tener nauseas en el vuelo. Dos vodkas con sprite besaron sus labios y eso era suficiente.
Yo. Seguí besando. Seguí escalando. Hasta sentir la caída que sucede uno que otro mes durante la danza de Morfeo. Me despierto. Escucho el bullicio de la maldita realidad de un 24 de diciembre sin compañía. Me niego. Quiero volver a escalar. Cierro los ojos. Ya la chica de negro abrió la puerta y se fue. Yo voy detrás. Salgo y veo.
Al imbécil que intimida a la chica de rojo. Él va a tener una resaca terrible cuando se despierte después de la fiesta. Y con sus dos ojos manchados de sangre, del golpe a su cara que fui a darle.
Y yo, que me despierto, esta vez en definitiva, con resaca, no estoy frente al mar ni en un vuelo. Pero defendí el honor de mi pasado rojo, fui espectador de un café que vuela muy lejos de mi, y de un negro lleno de incertidumbre, sin una cara ni un cabello claro de admirar, pero muy apasionado. Ahi está. Lejos de mí también. Yo quiero perseguirla, pero mientras tanto, no sé que hacer con las otras dos chicas. No se que hacer con los 3 tiempos. Estoy esperando la siguiente fiesta.
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Tres chicas.
Tres tiempos.
Tres colores. Negro, Rojo y Café.
10pm. Todos, en una fiesta. Intentando llegar a la felicidad.
Yo y el color negro. Tratando de conocerla. Besándola.
La chica de color café. Ella está tomando Vodka con Sprite. Mi bebida de fiesta favorita. Mi placer culpable y hasta moralmente ilegal.
Un imbécil con otro vaso, pero este de cerveza oscura. Está intimidando y haciendo más pequeña a la chica de color rojo. Ella se va en unos días a la playa. No sabe que hace en esa fiesta.
12am. La chica de color café se fue. Tenía un viaje en avión al día siguiente y no quería tener nauseas en el vuelo. Dos vodkas con sprite besaron sus labios y eso era suficiente.
Yo. Seguí besando. Seguí escalando. Hasta sentir la caída que sucede uno que otro mes durante la danza de Morfeo. Me despierto. Escucho el bullicio de la maldita realidad de un 24 de diciembre sin compañía. Me niego. Quiero volver a escalar. Cierro los ojos. Ya la chica de negro abrió la puerta y se fue. Yo voy detrás. Salgo y veo.
Al imbécil que intimida a la chica de rojo. Él va a tener una resaca terrible cuando se despierte después de la fiesta. Y con sus dos ojos manchados de sangre, del golpe a su cara que fui a darle.
Y yo, que me despierto, esta vez en definitiva, con resaca, no estoy frente al mar ni en un vuelo. Pero defendí el honor de mi pasado rojo, fui espectador de un café que vuela muy lejos de mi, y de un negro lleno de incertidumbre, sin una cara ni un cabello claro de admirar, pero muy apasionado. Ahi está. Lejos de mí también. Yo quiero perseguirla, pero mientras tanto, no sé que hacer con las otras dos chicas. No se que hacer con los 3 tiempos. Estoy esperando la siguiente fiesta.
7 de enero de 2013
Llegó el tren
Finalmente me he vuelto a dar cuenta.
Soy yo manejando este tren solo y soy yo esperándolo en el próximo andén.
Soy las dos personas. En diferentes momentos.
Me di cuenta que es cierto... uno tiene dos opciones en la vida: Ser libre o estar acompañado.
La libertad es de uno, cuando se acepta que estar solo es el sacrificio de esa libertad.
Estar acompañado, implica limitar la libertad. Desde cualquier punto de vista.
Pareciera que no he madurado. Sigo escribiendo cual wila de 19 años.
Sobre trenes.
Hoy es el último día de este blog.. que ya de por sí estaba agonizando.
¿Por qué?
Porque ya llegó el tren. Y me he de encontrar conmigo mismo. (Ven cómo escribo como si tuviera 19 aún)
El próximo lienzo de ceros y unos estará por venir...
Este deja esperanza... ya cumplió su objetivo.
Me bajo del tren y me subiré en otro.
Lo que vaya subiéndose en ese nuevo, sabré que es por unas cuantas paradas. La libertad es lo mío.
Lo difícil es acostumbrarse a estar solo.
La libertad es lo mío. A mis casi 23. Las letras no lo son.
Ciao.
Soy yo manejando este tren solo y soy yo esperándolo en el próximo andén.
Soy las dos personas. En diferentes momentos.
Me di cuenta que es cierto... uno tiene dos opciones en la vida: Ser libre o estar acompañado.
La libertad es de uno, cuando se acepta que estar solo es el sacrificio de esa libertad.
Estar acompañado, implica limitar la libertad. Desde cualquier punto de vista.
Pareciera que no he madurado. Sigo escribiendo cual wila de 19 años.
Sobre trenes.
Hoy es el último día de este blog.. que ya de por sí estaba agonizando.
¿Por qué?
Porque ya llegó el tren. Y me he de encontrar conmigo mismo. (Ven cómo escribo como si tuviera 19 aún)
El próximo lienzo de ceros y unos estará por venir...
Este deja esperanza... ya cumplió su objetivo.
Me bajo del tren y me subiré en otro.
Lo que vaya subiéndose en ese nuevo, sabré que es por unas cuantas paradas. La libertad es lo mío.
Lo difícil es acostumbrarse a estar solo.
La libertad es lo mío. A mis casi 23. Las letras no lo son.
Ciao.
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