28 de diciembre de 2013

Sueños invisibles

Simplemente vuelvo, con la esperanza de ser invisible. Y de contar mis 7 u 8 horas imposibles de compartir sin ser un psíquico, interpretadas por mí mismo a la mañana siguiente.

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Tres chicas.
Tres tiempos.
Tres colores. Negro, Rojo y Café.

10pm. Todos, en una fiesta. Intentando llegar a la felicidad.
Yo y el color negro. Tratando de conocerla. Besándola.

La chica de color café. Ella está tomando Vodka con Sprite. Mi bebida de fiesta favorita. Mi placer culpable y hasta moralmente ilegal.

Un imbécil con otro vaso, pero este de cerveza oscura. Está intimidando y haciendo más pequeña a la chica de color rojo. Ella se va en unos días a la playa. No sabe que hace en esa fiesta.

12am. La chica de color café se fue. Tenía un viaje en avión al día siguiente y no quería tener nauseas en el vuelo. Dos vodkas con sprite besaron sus labios y eso era suficiente.

Yo. Seguí besando. Seguí escalando. Hasta sentir la caída que sucede uno que otro mes durante la danza de Morfeo. Me despierto. Escucho el bullicio de la maldita realidad de un 24 de diciembre sin compañía. Me niego. Quiero volver a escalar. Cierro los ojos. Ya la chica de negro abrió la puerta y se fue. Yo voy detrás. Salgo y veo.

Al imbécil que intimida a la chica de rojo. Él va a tener una resaca terrible cuando se despierte después de la fiesta. Y con sus dos ojos manchados de sangre, del golpe a su cara que fui a darle.

Y yo, que me despierto, esta vez en definitiva, con resaca, no estoy frente al mar ni en un vuelo. Pero defendí el honor de mi pasado rojo, fui espectador de un café que vuela muy lejos de mi, y de un negro lleno de incertidumbre, sin una cara ni un cabello claro de admirar, pero muy apasionado. Ahi está. Lejos de mí también. Yo quiero perseguirla, pero mientras tanto, no sé que hacer con las otras dos chicas. No se que hacer con los 3 tiempos. Estoy esperando la siguiente fiesta.

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