Volví a soñar con ella.
Estábamos en una casa. Con otras personas. No era una fiesta, pero tampoco vivíamos todos ahí. Mas como una reunión. Con amigos viejos. Todo era blanco y negro, tal vez con un poco de color, una pincelada de saturación apenas.
Eran como las 4:45pm. Me contó sus planes para la noche. Debía comprar regalos. Y una entrada para ver Grease en un cine pequeño por la UCR.
Como es usual, antes de montarnos al carro, dejé todo botado por toda la casa. El realismo mágico apareció, y una aplicación del teléfono de ella, pudo buscar mi abrigo, las llaves y mi billetera. Como si tuvieran un chip con GPS. Los sueños a veces pueden ser perfectos. Es culpa de ella. Me distraigo más cuando estoy alrededor de ella, en los sueños.
Los cortes de edición en un sueño a veces son muy efectivos. Ya estábamos en el cine comprando la entrada. Esperamos la tanda. Ella buscó una silla para sentarnos juntos. Nos acercamos. Probé el realismo mágico de sus labios.
Llegó un amigo. Luego mi papá. Todos entramos a la sala. Era bastante pequeña. Mientras vemos la peli, mi tata a un lado mío, me dice que va a morir al día siguiente, porque se le acabaron sus pastillas.
Y a mí se me acabó el sueño. Uno que casi fue perfecto.
30 de diciembre de 2013
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