17 de octubre de 2010

Trenes

Resuenan en el sueño que tengo al atardecer. Adentro había un atardecer, y estabamos en medio de las vías.

Tiembla demasiado la tierra. Porque resuenan, a kilómetros de distancia hacia adelante y hacia atrás.

Me tiemblan las palabras, y las miradas, y los recuerdos y el cielo; que es morado, aunque en el sueño haya atardecido.

Ya es tarde... como para regresar. Me quedo en medio de los dos pares de rieles, con el viento rebotándome en el alma. Con el sonido de los trenes en la mente, con la bola caída, y de espalda hacia alguno de los dos lados, con los ojos cerrados.

Yo ya no soy quien decide cuál de los dos lados es bueno para caminar.

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