Se revienta la luz en mis ojos.
En el cuarto oscuro, la luz amarilla.
Sólo el bombillo da señal de vida... como en unos próximos años cuando aquel bombillo enorme, sea el único en decidir qué lugar oscurecer.
La luz es rápida y no sabe esperar... el bombillo puede ser lento, y dar esa pausa. A que la luz salga en el momento que tenga que salir.
Abrí mis ojos, y voy a voltearme... la luz a mi espalda, y cerraré los ojos de nuevo. Y voy a esperar... una vez más, como todos estos años. Es hora de dejar de decidir qué quiero iluminar.
17 de octubre de 2010
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