Voy de una calle llena de mar a otra que no.
Huyendo o no sigo corriendo.
Grito y que me alcancen, porque pareciera que ya no puedo esperar...
No quiero esperar, el mar está tocando mis pies y ni siquiera estoy sobre arena.
Quisiera la emoción y el ánimo de siempre correr, aunque me persiga la sombra del mar.
Es como un engaño, donde percibo lo que voy creando; al mismo tiempo.
Entonces, la realidad es que si puedo esperar, pero seguiré corriendo en sueños.
7 de agosto de 2011
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