Aquella noche, sin pensar en lo que estaba pasando al otro lado de la montaña, sin pensar en lo que estaba pasando al otro extremo del muelle, estaba yo acostado y en pie también. Aquella noche, después de caminar habitualmente solo, y de haber visto unos ojos la misma tarde anterior, mis ojos gritaron por recuerdos. Yo no podía entender las 7 luces que veía borrosas al final del límite (infinito a mi vista) del mar. Yo no podía entender, por qué de los ojos, el dolor pasó al pecho, y después a todo mi cuerpo.
No podía distinguir mi estado de soledad ni siquiera. Era como escuchar un caracol, sin escucharlo. Estaba escuchando la realidad, el mar verdaderamente sonaba a mis pies. El atardecer se había ido hacía rato. Estaba solo.
Yo no podía entender el simbolismo de los números.
17, cinco desde el primer mes, inició.
7, cuatro desde el último mes, terminó.
Todos los números, en realidad tenían que ver con usted. Usted terminó el ciclo, aquella vez.
Había dos sentidos claros aquella noche, que era 7 del primer mes, de este año. Yo podía escuchar... y podía gritar. Pero no podía ver ni entender nada. Todo através de mis ojos, que veían borroso.
Hoy, después de muchos meses... hoy, que es 17 de mayo puedo escuchar, gritar, ver y entender. Aquella noche, las lágrimas que cayeron al mar se llevaron lo último que realmente quedaba. Yo terminé el ciclo aquel 7 del primer mes.
En realidad, había un atardecer después de esa noche, junto a otros ojos de otras tardes. Aquel, me hizo darme cuenta, que es bueno derramar lágrimas, y más si son tiradas al vacío del mar.
17 de mayo de 2010
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